lunes, septiembre 19, 2016

El "empoderamiento" femenino: A propósito de la candidatura de Hillary Clinton.

Amaru Barahona

Rebelión En las catacumbas del patriarcado, durante milenios como sujetos dominados, las mujeres lograron crear y reproducir un acervo de valores propios, que no fueron característicos en la conducta mayoritaria de los hombres. Yo llamo a estos valores como los valores de la feminidad histórica. A saber:
  • La asunción de un alto sentido de responsabilidad en la reproducción de la especie.
  • La inclusión en la toma racional de decisiones de la dimensión afectiva, en contraste con el modelo de racionalidad vacío de consideraciones afectivas que promueve el patriarcado tradicional y, sobre todo, el patriarcado capitalista. Eduardo Galeano llamaba a este aporte de la feminidad histórica como el sentir – pensar. Un acto de interacción entre sentimiento y pensamiento que debe regir las decisiones humanas, en oposición con el acto de pensar que trata de ignorar o subordinar la afectividad emotiva.
  • La defensa de la paz, la conciliación y el diálogo como antítesis de la guerra, el conflicto abierto y el rechazo a conciliar posiciones.
  • La prevalencia del interés colectivo (por lo menos, el interés del colectivo familiar), en colisión con la prioridad individualista en el ejercicio de la dominación patriarcal.

Es lamentable. Pero la experiencia del proceso que las y los feministas llaman “empoderamiento femenino”, es decir el acceso de las mujeres a puestos de poder, ha sido decepcionante. La mayoría de las mujeres que han ascendido a altos puestos de poder, lo primero que han hecho ha sido renunciar a los valores de la feminidad histórica, y afirmarse imitando, incluso en sus manifestaciones más grotescas, el estilo y los valores subyacentes con que se ha ejercido el poder patriarcal, especialmente el poder patriarcal capitalista. Los ejemplos abundan: la Tatcher, la Merkel, la Albright, la Timoshenko (Ucrania), la Ashton (Unión Europea). En Nuestra América: la Chamorro, la Moscoso, la Chinchilla, la Michelet. Salvaría como excepciones a Cristina y Dilma; y en el siglo pasado y en la India a Indira Gandhi.

La candidatura de Hillary Clinton en USA se promociona como un ascenso del feminismo. “La primera mujer que será presidente en Estados Unidos”. “Su encomiable labor como madre”. “Su preocupación amorosa por los niños”. Muchas y muchos levantan la bandera del “empoderamiento femenino” para apoyarla. Sin embargo, Hillary es un modelo clásico de repudio a los valores de la feminidad histórica y apropiación de las formas más aviesas de dominación patriarcal.

Como diría un amigo: la Clinton es una genocida acreditada. Nada de hipótesis. Responsable de la destrucción y los genocidios perpetrados en Libia y Siria. “Vine, vi y murió”, celebrando con sonrisa satánica el asesinato de Gadafi, torturado, sodomizado, arrastrado herido, aún con vida, varios kilómetros. Cabe agregar también, el antecedente de la vergonzosa defensa de su marido cuando el escándalo con la becaria Monica Lewinsky que llegó a hacer prácticas de sexo oral a la Casa Blanca.

La condición sexual de mujer que tiene Hillary, no garantiza nada bueno ni para USA ni para el mundo. Todo lo contrario, es una garantía tenebrosa. Lo que he expuesto hasta aquí, no significa pensar que la opción que tiene el pueblo estadounidense en las actuales elecciones sea el otro candidato del bipartidismo. El matón, ignorante, racista, ególatra y sórdido Donald Trump. El atributo esencial del sistema político usamericano, eso que llaman democracia (¿cuál democracia? diría José Saramago), es el de que está estructurado para bloquear la candidatura viable de un ser humano decente. El caso de Sander, a quien desde varios frentes los poderes fácticos del Establishment le serrucharon el piso sistemáticamente, es un ejemplo elocuente. Cualquiera que sea el resultado de la elección en USA, la humanidad debe prepararse para un futuro sombrío.


viernes, septiembre 16, 2016

Cuando nos roban el parto

Esther Vivas

Público ¿A cuántas mujeres les han robado el parto? Su capacidad de decidir en un momento tan importante de sus vidas. Nos han dicho que un parto hoy es un parto sin dolor y rápido, que no es necesario preocuparnos por nada, siempre y cuando lo dejemos todo en manos de los profesionales sanitarios. Así, nos cuentan, acabaremos con un bonito bebé entre los brazos. Sin embargo la realidad tras el paritorio no es tan sencilla ni dulce, o al menos no lo es para muchas mujeres.

A lo largo de las últimas décadas, el parto se ha industrializado y medicalizado, siendo tratado como una enfermedad. La lógica productivista y patriarcal dicta cómo las mujeres debemos parir, prescindiendo de nuestras necesidades y las de la criatura. La violencia obstétrica es una realidad en muchos paritorios aunque a menudo no es reconocida como tal, ni por los profesionales sanitarios, ni por la sociedad, ni por las mujeres víctimas de ella .

Normativizar la reproducción de la vida

Hablar de medicalización significa hablar de normativización de la enfermedad y la salud, del control de los cuerpos y de los intereses de quienes ejercen el poder. En el caso del embarazo y el parto, significa hablar del control de los cuerpos de las mujeres y de la normativización de la reproducción de la vida. Una medicalización que ha significado la pérdida de la capacidad de decidir de las mujeres en estos ámbitos. Una crítica que no significa el rechazo per se a cualquier intervención médica en un parto, sino a subordinarla a las necesidades reales de la mujer y a concebirla, si se tiene que dar, de forma respetuosa con ella y con el bebé.

El discurso hegemónico impuesto por el sistema sanitario en relación al parto se erige, como señala la antropóloga María Jesús Montes, sobre dos pilares discursivos: el del riesgo y el del dolor. A partir de estos, se ha construido la visión social que tenemos de dichos procesos vitales, supeditando a las mujeres.

El miedo a lo que pueda suceder, a ese famoso “por si acaso”, deja el proceso del embarazo y el parto en manos del equipo sanitario. Un miedo a partir del cual se sustenta la autoridad médica y que es utilizado sistemáticamente como amenaza sobre las embarazadas y parturientas para conseguir su sometimiento. “La incertidumbre del posible riesgo desestructura la seguridad cotidiana de la persona y la hace maleable a las manos del médico y el sistema de salud” asegura María Jesús Montes.

Así queda recogido en multitud de experiencias contadas por distintas mujeres. “Con una inducción en marcha, oxitocina a tope, con el miedo en el cuerpo porque había ‘que sacar al bebé de allí’ y ‘ya has roto aguas y corre peligro’. Y pese a mi resistencia, acabé cediendo y deseando que mi parto (tan soñado y deseado) acabara cuanto antes”, explica Victoria. Y añade: “Con una matrona y un médico que hablaban entre ellos de mi. No conmigo (como si fuera tonta). Después de horas de pujos, una maniobra de Kristeller que me dolió en lo más hondo de mi ser, y la frustración de no poder parir. Nació mi hija. Arrancada de mí con ventosa”.

Ya lo dicen: el miedo nos paraliza. Y esto es lo que les sucede a muchísimas mujeres ante situaciones de violencia obstétrica. Los autores del artículo “Sociología del parto. Conflictos asistenciales en el marco del ‘paradigma tecnocrático”’ José Manuel Hernández y Paloma Echevarría apuntan en esta misma dirección: “De los testimonios de las madres de esta investigación se deduce que el miedo al peligro ha inmovilizado, en parte, sus recursos y saberes, moldeando sus voluntades, por lo que se ponen en manos de los ‘expertos’ para someterse a un ritual iniciático que es justificado y vivido como lo deseable y ‘normal'”.

‘Con dolor parirás’

El dolor es el otro gran pilar sobre el que se sustenta el discurso hegemónico construido entorno al embrazo y, especialmente, al parto. Históricamente el dolor ha sido utilizado como instrumento de supeditación y control de la mujer. Sin embargo, cómo lo sentimos y lo interpretamos viene muy determinado por el período histórico y el contexto social.

En tiempos pasados, por ejemplo, en la cultura occidental católica, el dolor era el medio a través del cual la mujer podía expiar sus pecados y purificarse del embarazo. Se tenía, pues, que parir con dolor. La Biblia lo dejaba clarísimo. “A la mujer dijo: multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor parirás los hijos”, afirma ‘El Libro del Génesis’.

Con el avance hacia una sociedad más laica y los progresos médicos, el dolor al dar a luz empezó a ser considerado como innecesario. Si antes era la Iglesia Católica, en las sociedades occidentales, la que lo dotaba de contenido y decía cuanto dolor era socialmente aceptable; en la actualidad, es el sistema médico quien ocupa el lugar de esta institución y nos dice cómo y qué debemos sentir al parir. Mientras, se obvia que el dolor es una experiencia muy personal, que puede ser vivida de maneras distintas, y que no es igual para todas las mujeres.

Hoy, se impone el no sentir dolor. Y una vez más, la mujer difícilmente puede escoger. De este modo, cuando hay mujeres que en el hospital rechazan la anestesia epidural, les resulta muy difícil que su voluntad sea respetada, ya que en un parto hospitalario todo conduce a su administración. Lo cual, por cierto, no garantiza ni el no sentir dolor y aún menos elimina el sufrimiento. Alba Padró, experta en lactancia materna, explica la experiencia de su primer parto, mucho antes de dedicarse a asesorar a mujeres: “Le dije -a una ginecóloga de La Maternitat un mes antes del parto- que quería un parto natural y se río a mi cara, me dijo con buenas palabras que yo era una niña y que no sabía de qué hablaba, que mejor me callara y que la dejara trabajar”. Unos comentarios que hicieron a Padró descartar a la médico. Semanas más tarde, y ya en otro hospital y en pleno trabajo de parto, después de una atención altamente medicalizada, acabó, sin otra opción, por pedir la epidural. Así lo cuenta en su blog: “Estaba agotada. Le dije -a la comadrona. Le dije que quería la epidural y empezó a reír: ‘Lo ves! Lo ves como al final me la has pedido’. Dios, qué rabia sentí!”. Su caso no es una excepción, al contrario.

Hoy en día, la sociedad no considera admisible el dolor en ninguna circunstancia vital y su tratamiento responde a las relaciones jerárquicas inherentes a la medicalización de la vida. De este modo, al abordar la reducción del dolor en el parto medicalizado, se obvian los recursos que tiene la propia mujer para aliviarlo mientras se da al equipo médico un control total e incuestionable sobre el cuerpo femenino.

Asimismo, se asocia dolor a sufrimiento y angustia, cuando no es lo mismo. En el momento en que una mujer se prepara para un parto normal, sabe que ese dolor tiene una finalidad, parir, y sabe que va a desaparecer una vez la criatura nazca. Se dota de contenido ese dolor y esto lo hace más soportable. Sin embargo, en la atención al parto en los centros hospitalarios priman unas prácticas que subordinan a la mujer, que no tienen en cuenta sus demandas y donde las parturientas dependen de terceros para aliviar el dolor. Además, los protocolos médicos que obligan a la mujer a estar tumbada, que impiden su libertad de movimientos, la imposición de tactos múltiples realizados por distintas personas, etc., no solo aumentan el dolor sino que éste acaba convirtiéndose en un sufrimiento insoportable.

Las palabras de la fisioterapeuta Amanda Fabios al describir su primero parto medicalizado y el segundo normal retratan a la perfección la diferencia: “Mi primer parto fue muy medicalizado y totalmente protocolizado, tuve epidural, así que poco tiempo de dolor. Pero sí hubo sufrimiento durante el parto, porque al poco de ponerme la epidural, mi hija entró en bradicardia y todo pitaba y todo el mundo gritaba; me hice a la idea de que mi hija nacería con problemas neurológicos (…) Mi segundo parto fue natural, es decir, normal. Muy intenso, muy doloroso en momentos, pero ya está, doloroso. En ningún instante hubo sufrimiento. Recuerdo que durante el expulsivo que fue muy largo, entre contracciones decía: ‘¡Duele mucho, pero no os preocupéis, no estoy sufriendo!'”.

Obviamente, no se puede generalizar y existen profesionales que trabajan para mejorar la atención a las mujeres en el parto, sin embargo aún queda mucho trabajo por hacer, y muchos de los que no lo hacen actúan como resultado de una formación profesional machista y patriarcal. Ya va siendo hora que nuestros derechos como mujeres en el paritorio sean respetados. Y que cada mujer libremente pueda decidir dónde y cómo quiere parir.

sábado, septiembre 10, 2016

Entrevista con Angela Davis: “Raza, género y clase son elementos entrelazados”

Maria Colera Intxausti

Diagonal Angela Davis, filósofa, profesora de Historia de la Conciencia en la Universidad de California, histórica dirigente del Partido Comunista de EE.UU., ex miembro de las Panteras Negras e investigadora especializada en feminismo, marxismo, abolicionismo del sistema penitenciario, teoría crítica y estudios afroamericanos.

En el ensayo '¿Están las prisiones obsoletas?' (Democracia de la abolición. Prisiones, racismo y violencia. Editorial Trotta 2016), hablas del encarcelamiento masivo de los pobres y de los migrantes ilegales. El capitalismo considera a estas personas como seres prescindibles pero los utiliza como mano de obra esclavizada barata al mismo tiempo que los convierte en consumidores cautivos del excedente de producción, excedente que se sitúa en el origen mismo de una crisis económica que, la vez, genera pobreza y migración, en un bucle perfecto. ¿Observas algún paralelismo entre estas políticas de encarcelamiento y el proceso desarrollado durante la transición del feudalismo al capitalismo, en el que millones de personas fueron expulsadas de las tierras que hasta entonces habían sido su medio de reproducción y fueron forzadas a la esclavitud del salario?

Ciertamente, existen paralelismos entre ambas épocas, pero lo que quizá es más importante es constatar que también hay diferencias considerables entre los dos períodos. En la transición del capitalismo al feudalismo, tal como Marx la describió, los cercamientos y otros procesos de desposesión privaron a la gente de las tierras que constituían su fuente de subsistencia y, de manera simultánea, generaron una clase de personas a quienes no les quedó nada más que su fuerza de trabajo. Así, pues, se convirtieron en la mano de obra necesaria para que el capitalismo naciente pudiera incrementar su riqueza. Aquellas personas fueron liberadas de los constreñimientos del feudalismo, pero se vieron forzadas a cambiar una forma de opresión por otra.

Si bien es cierto que suele resultar inútil hacer un ranking de las diferentes formas de opresión, se puede afirmar que, a pesar de que el capitalismo depende total y absolutamente de la explotación, el hecho de dejar atrás la esclavitud y el feudalismo supuso cierto grado de progreso. Algunos trabajadores al menos encontraron su camino hacia el empleo, por degradante que fuera y siga siendo el trabajo.

Por otra parte, el complejo penitenciario industrial global es ciertamente rentable, pero su rentabilidad reside en las tecnologías destinadas a relegar ingentes cantidades de personas a unas vidas marginales, improductivas y cargadas de violencia. El encarcelamiento masivo de personas negras, de color e inmigrantes en EE UU, Australia y partes de Europa, junto con la persistencia de un racismo y una xenofobia estructurales, son prueba del fracaso absoluto del capitalismo global a la hora de responder a las necesidades de personas reales en todo el mundo.

Se podría argumentar, igualmente, que ello también es la prueba más convincente de la necesidad de concebir un sistema socioeconómico más allá del capitalismo. Así, pues, el movimiento abolicionista contemporáneo, en su llamamiento a desmantelar el complejo penitenciario industrial, se presenta como un movimiento anticapitalista que exige igualdad racial, puestos de trabajo con salarios vivibles, vivienda asequible, sanidad y educación gratuitas y justicia medioambiental para todos los seres vivos.

Abogas por la justicia restaurativa, en lugar de la punitiva. ¿Cómo se restauran la desigualdad y la injusticia causadas por el proceso de acumulación primitiva que conforman la base del capitalismo? En otras palabras, ¿qué forma tendría una justicia restauradora destinada a reparar el 'pecado original' de explotación y acumulación que se encuentra en el origen de las desigualdades de redistribución de nuestras sociedades?

Efectivamente, a menudo he utilizado el término 'justicia restauradora', junto con otros, como 'justicia reparadora' y 'justicia transformadora', como alternativas a la justicia punitiva o retributiva. De hecho, prefiero el término 'justicia transformadora', ya que no presupone la existencia de un estado ideal que sea necesario restaurar.

Respondiendo a tu pregunta, me gustaría destacar la importancia de la memoria histórica, especialmente en cuanto a la necesidad que hay hoy en día de un análisis explícitamente anticapitalista. "La llamada acumulación originaria" es uno de los capítulos más importantes de El capital, precisamente porque desenmascara la expropiación, injusticia y violencia que marcaron el inicio del capitalismo y que, aunque pudiera parecer que ya no es así, siguen en el centro del proceso capitalista. A finales del siglo XX, el complejo penitenciario industrial comienza a mostrar el grado en que las sociedades capitalistas continúan basándose en ideologías racistas y coloniales a la hora de fabricar tecnologías de violencia, reflejo, a su vez, de la violencia histórica ligada a la esclavitud y a la colonización.

Has hablado de nuestra problemática reacción automatizada con que a menudo respondemos al crimen y al delito, recurriendo a las instituciones jurídico-policiales, en vez de diseñar soluciones desde dentro de la comunidad. En el caso concreto de la violencia sexual, abogas por la autodefensa, lo cual nos lleva al tema de las mujeres y la violencia. En '¿Están las prisiones obsoletas?' haces referencia a la «necesidad de cuestionar las premisas imperantes según las cuales la única relación posible entre las mujeres y la violencia implica que las mujeres sean víctimas». ¿Qué opinas del uso disuasorio y disciplinandor de la violencia feminista como mecanismo dirigido a defendernos a nosotras mismas? ¿Qué es la autodefensa feminista para ti?

Siempre he tenido un cuidado especial en la manera en que utilizo el término 'violencia'. Como estudiosa de la teoría crítica, siempre me recuerdo a mí misma que las herramientas conceptuales que decido utilizar podrían estar haciendo un trabajo que, en realidad, contraviene lo que pretendo expresar. Así, pues, trato de no equiparar 'autodefensa' y 'violencia contra el agresor'. Y mi apuesta por la formación en autodefensa se inserta en un contexto más amplio, basado en un análisis que vincula la violencia misógina con los sistemas de dominación de raza, género y clase, dentro de una estrategia que pretende purgar nuestras sociedades de toda forma de explotación y violencia.

En 'Mujeres, raza y clase' (Akal, 2004) desmontas el mito del violador negro y explicas que «fue una invención claramente política», propaganda construida con el fin de consolidar y justificar los linchamientos, como método de 'contrainsurgencia' destinado a evitar que los negros alcanzaran sus derechos. El pasado fin de año asistimos al despliegue de este mismo mito en Colonia, en este caso en los cuerpos de hombres "de apariencia árabe o norteafricana", en un nuevo ejemplo de 'purple washing' o utilización de una supuesta defensa de las mujeres para criminalizar a los solicitantes de asilo y a los residentes ilegales, de una manera que parece estar lanzando el mensaje de que "a nuestras mujeres sólo las podemos violar nosotros". ¿Cómo interpretas esta utilización de los derechos de las mujeres (velo, violador negro, opresión de las mujeres afganas ...) para otras cruzadas?

En su libro 'Arrested Justice: Black Women, Violence, and America's Prison Nation' [La justicia bajo arresto: mujeres negras, violencia y la nación prisión de América], Beth Richie expone los peligros de confiar en tecnologías de criminalización como supuestas soluciones a los problemas de la violencia de género. Su argumento es que el movimiento antiviolencia predominante en EE UU dio un giro peligrosamente equivocado cuando comenzó a apoyar la represión policial y el encarcelamiento como principales estrategias destinadas a proteger a las «mujeres» de la violencia masculina. Era fácilmente previsible que quienes más estarían el punto de mira de estas iniciativas destinadas a garantizar la seguridad de las «mujeres» serían los hombres de comunidades ya sometidas a una hipervigilancia de la policía y que ya contribuían de manera desproporcionada al incremento de la población penitenciaria.

Resulta, sin embargo, que el uso generalizado de la categoría 'mujer' escondía una racialización clandestina operativa dentro de esta categoría, según la cual 'mujeres' en realidad significaba 'mujeres blancas' o, aún más concretamente, 'mujeres blancas acomodadas'.

El caso de Colonia y el discurso sobre el violador árabe, que pretende consolidar aún más las representaciones colonialistas de los hombres árabes como agresores sexuales, nos recuerdan la importancia de las teorías y prácticas feministas que cuestionan la instrumentalización racista de los 'derechos de las mujeres' y enfatizan la interseccionalidad de las luchas por la justicia social.

En las últimas décadas, hemos experimentado lo que Nancy Fraser define como "desacoplamiento de las llamadas 'políticas identitarias' de las políticas de clase", en lo que se ha convertido en una lucha por el reconocimiento, en lugar de por la redistribución, con un desplazamiento del sujeto colectivo hacia uno individual(ista). Tú, en cambio, siempre has defendido las 'comunidades de lucha', al considerar que "las comunidades son siempre proyectos políticos". ¿Qué opinas sobre las políticas identitarias y cuáles son, en tu opinión, las luchas y los proyectos políticos que deberían situarse en el centro, en la actual era de hegemonía neoliberal?

Lo que encuentro más problemático de las políticas identitarias es la manera en que las identidades muy a menudo se naturalizan y no son consideradas como un producto de la lucha política, de modo que no se sitúan en relación con las luchas de clase y antirracistas.

Recientemente, el movimiento trans, por ejemplo, se ha convertido en un importante territorio donde luchar por la justicia. Con todo, hay una diferencia fundamental entre las representaciones dominantes de las cuestiones trans, que habitualmente hacen hincapié en la identidad individual, y los movimientos trans interseccionales, que consideran que tanto la raza como la clase son elementos fundamentales en las luchas de las personas trans. En vez de centrarse en el derecho de la persona a 'ser' él mismo, ella misma, o ell@ mism@, estos movimientos trans afrontan la violencia estructural (en manos de la policía, la prisión, el sistema sanitario, el sistema de la vivienda, el ámbito laboral, etc.) que las mujeres trans de color tienen más probabilidades de experimentar que ningún otro grupo de la sociedad. En otras palabras, luchan por unas transformaciones radicales de nuestras sociedades en contraposición a la asimilación en un estado de cosas determinado e inamovible.

Continuando con el tema de la identidad, por lo que dices sobre la interseccionalidad, entiendo que apuestas por una confluencia de luchas (Ferguson, Palestina), más que por una conjunción de identidades diferentes, diversas y múltiples, en un momento en que gran parte de las defensoras de las políticas interseccionales afirman y naturalizan las identidades, en vez de cuestionarlas, ignorando a menudo el contexto material e histórico que rodea estas identidades. ¿Cómo entiendes la interseccionalidad y en qué términos resulta productiva hoy en día?

El concepto de interseccionalidad, tal como yo la entiendo, tiene una genealogía muy interesante, que se remonta al menos al período de finales de los años 1960 y principios de los 1970. Como ahora no puedo entrar en gran detalle, me limitaré a mencionar alguno de los elementos fundamentales que me gustaría destacar: la creación de la organización Alianza de Mujeres Negras, como respuesta a la voluntad de plantear un debate sobre cuestiones de género dentro del Comité de Coordinación Estudiantil No Violento (SNCC), principal organización juvenil del Movimiento por la Libertad del Sur.

La Alianza planteaba que no era posible entender el racismo en toda su complejidad sin incorporar un análisis del sexismo y, para sustentar esta tesis, en 1970 Fran Beale escribió un artículo que tuvo gran difusión, titulado "Double Jeopardy: To Be Black and Female" [Riesgo doble: ser negra y mujer]. Poco después de la publicación del artículo, de resultas del hecho de tener conocimiento de luchas como las de las mujeres puertorriqueñas contra la esterilización forzosa, la Alianza de Mujeres Negras se convirtió en Alianza de Mujeres del Tercer Mundo y publicó un periódico titulado Triple Jeopardy, en referencia al racismo, el sexismo y el imperialismo. Aquello implicaba una militancia sobre el terreno que abordaba de manera simultánea el racismo, la misoginia y la guerra imperialista.

Es con el espíritu de aquellos esfuerzos intelectuales orgánicos de comprender las categorías de raza, género y clase como elementos conectados, entrelazados y entrecruzados que entiendo actualmente los conceptos feministas de interseccionalidad.

En un ciclo de conferencias recientemente celebrado en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, con el título "La frontera como centro. Zonas de ser y de no ser [migra y colonialidad]", la representante del partido Indigènes de la République Houria Bouteldja afirmó lo siguiente: "No sé quién es blanco, pero la policía francesa lo sabe perfectamente. Nunca se equivoca a la hora de decidir a quién discriminar y a quien apalear". Igualmente, la feminista vasca Itziar Ziga, en una entrevista en Argia, decía que "Soy una mujer porque es así como he sido violentada física, afectiva, económica y simbólicamente... Proclamo que soy mujer, pero no por lo que tengo entre las piernas". En estos dos casos, el sujeto se define políticamente para/desde el locus de opresión y, por tanto, de lucha. En este sentido, ¿qué es para ti ser mujer y qué ser negra?

Ambas categorías se han ensanchado y expandido más allá de cualquier límite que hubiera podido imaginar en anteriores fases de mi vida. De modo que, si pretendiera aferrarme a modos de ser históricos, continuaría sintiéndome obligada a basarme en definiciones políticas del género y la raza en ambos casos, tal y como planteas en tu pregunta, tanto desde el punto de vista de las estructuras de dominación y sus ideologías asociadas como desde el punto de vista de los movimientos colectivos que buscan desmantelar estas estructuras y hacer frente a estas ideologías.

Al mismo tiempo, siempre he insistido en la prioridad de la práctica radical por encima de la identidad pura y simple. Importa más qué haces para facilitar la transformación radical que cómo te imaginas que eres. Y, claro, como ya he indicado, las categorías de género y raza, al igual que la sexualidad y la clase, sólo son significativas dentro de unas interrelaciones más complejas.

En relación con el panorama político estadounidense, has destacado "el reto de complicar el discurso", en vista de que "la simplificación de la retórica política facilita la adopción de posturas extremistas". En los últimos años, en Europa, hemos sido testigos de la aparición de la autodenominada 'nueva política', que se opone a 'los de arriba', con miras a provocar una 'revolución democrática' por la vía de la 'revolución de las sonrisas'. ¿Qué significa para ti la democracia en esta era del populismo despolitizador y de los significantes vacíos?

Está claro que los que nos situamos a la izquierda en Estados Unidos, y no sólo a la izquierda, sino también en algunos círculos conservadores, asistimos totalmente estupefactos a la creciente influencia de Donald Trump, el cual se está aprovechando la atracción que importantes sectores de las comunidades de clase trabajadora blanca sienten por este tipo de retórica política simplista, extremista y de tendencia fascista. Esto también ocurre con la peligrosa atracción hacia personajes y partidos de extrema derecha que está habiendo en Austria, Francia, Polonia y otros lugares de Europa, crisis masiva de los refugiados —la cual pone de manifiesto el impacto que la historia de esclavitud y colonialismo de Europa sigue teniendo—, ha hecho prosperar el populismo de extrema derecha, alrededor del racismo antinegros y antiinmigrantes, y ha reactivado la islamofobia, con espectáculos que traen a la memoria racismos del pasado.

No será posible hacer frente al populismo de extrema derecha y generar un diálogo sobre futuros democráticos –enfoques sustantivos y transformadores que desplacen el foco político de la representación neoliberal del individuo hacia las necesidades y aspiraciones de las comunidades–, si no somos capaces de construir movimientos potentes contra el racismo y la xenofobia en el mundo.

Preguntada por tu posición ante las elecciones presidenciales de EE.UU., recientemente has destacado la necesidad de un partido nuevo. ¿Por qué motivo? ¿Qué tipo de partido tienes en mente? Como ex candidata a la vicepresidencia por el Partido Comunista de EE UU, ¿qué similitudes y qué diferencias con el PC debería tener este partido nuevo? En cuanto a su programa, ¿consideras que sigue vigente el Programa de 10 puntos del Partido de las Panteras Negras? ¿Y cuál sería la base electoral de este nuevo partido?

La política electoral norteamericana lleva muchos años siendo rehén del sistema bipartidista. Tanto el Partido Demócrata como el Republicano están absolutamente encadenados al capitalismo. Necesitamos una estructura política alternativa que no capitule ante las estructuras empresariales, sino que represente, en primer lugar, las necesidades de los trabajadores, de la gente pobre y de las personas de color. Esto es evidente desde hace muchos ciclos electorales, y cuando hace muchos años participé de manera directa en la política electoral, como candidata a la vicepresidencia por el Partido Comunista, fue precisamente para visibilizar esta necesidad de declarar la independencia respecto al sistema bipartidista.

Dada la respuesta que ha obtenido Bernie Sanders, ha quedado claro que hay un número considerable de personas que quieren una alternativa al capitalismo. Cada vez más gente está reflexionando seriamente sobre la necesidad de un partido que represente la clase trabajadora, los movimientos antirracistas, las cuestiones feministas y LGBTQ, las reivindicaciones contra la guerra y la justicia medioambiental.

En cuanto al Partido de las Panteras Negras, está claro que el Programa de 10 puntos está profundamente arraigado en las condiciones históricas de mediados del siglo pasado, pero, al mismo tiempo, todos y cada uno de sus puntos tienen un profundo vínculo con luchas radicales contemporáneas.

Continuando con las Panteras Negras, fueron pioneras en su política de womanism, que puso la lucha por los derechos de las mujeres al mismo nivel que la lucha de clases y racial, apoyó el derecho al aborto, organizó cuidados de niñas y niños durante sus reuniones, fomentó el modelo tradicional africano de familia extensa en contraposición a la familia nuclear burguesa, el diario del partido estuvo dirigido por mujeres, y hasta un 70% de su militancia era femenina. ¿Cómo se logró todo ello, más allá de que los hombres estaban siendo asesinados o encarcelados? ¿Qué lecciones pueden sacar los movimientos de liberación, y especialmente las feministas de estos movimientos, de la experiencia del Partido de las Panteras Negras?

En realidad, no debería sorprendernos excesivamente saber que la mayoría de militantes de las Panteras Negras eran mujeres, de la misma manera que no deberíamos sorprendernos por el papel fundamental que las mujeres jugaron dentro del Movimiento por la Libertad del Sur. Lo que sí resulta sorprendente es que medio siglo más tarde sigamos cautivos de visiones históricamente obsoletas sobre el liderazgo carismático masculino.

Históricamente, los paradigmas asociados al liderazgo de las mujeres –desde Ella Baker hasta Ericka Huggins– han tendido a enfatizar el liderazgo colectivo por encima del individualista. Los jóvenes de los actuales movimientos radicales están priorizando el liderazgo de las mujeres, el liderazgo queer y el liderazgo de las colectividades.

Como fuiste alumna de Marcuse, me gustaría hacerte una pregunta que él ya planteó en su Un ensayo sobre la liberación: "¿Cómo puede [el individuo] satisfacer sus necesidades sin [ ...] reproducir, a través de sus aspiraciones y satisfacciones, su dependencia de un aparato explotador que, al satisfacer sus necesidades, perpetúa su servidumbre?". En otras palabras, ¿cómo podemos liberarnos de la mercantilización de nuestros sentimientos?

A estas alturas, no estoy segura de si es posible eludir completamente las consecuencias del deseo mercantilizado, ya que es esa la naturaleza del deseo contemporáneo; el capitalismo ha invadido hasta tal punto nuestras vidas interiores que nos resulta extremadamente difícil separar capitalismo y deseo. Sin embargo, creo que sigo la tradición filosófica de Marcuse cuando afirmo que deberíamos tratar de desarrollar una conciencia crítica sobre las maneras en que, en parte, estamos implicados en la propia reproducción del capitalismo, a través de la mercantilización de nuestros sentimientos. Es a través de este tipo de reflexiones negativas que podemos empezar a vislumbrar posibilidades de liberación.

Durante tu visita al País Vasco estuvimos hablando sobre la importancia del arte y la literatura como esferas donde expandir los límites de lo inteligible, desmontar los paradigmas del sentido común hegemónico, confrontar la camisa de fuerza de la verosimilitud, derribar el monopolio de la realidad y traducir, dar forma y ensayar nuestras nociones políticas. ¿Cómo se concreta todo esto?

Especialmente ahora que la posibilidad de liberación parece ser descartada por las mismas luchas políticas que pretenden mostrarnos vías hacia futuros mejores, podemos aprovechar lo que Marcuse llama 'dimensión estética' y Robin Kelley, 'sueños de libertad' o 'imaginación radical'. Lo que el reino del capitalismo ha sofocado completamente es nuestra capacidad colectiva de imaginar una vida que no esté repleta de mercancías. Es por esta razón que necesitamos el arte, la literatura, la música y otras prácticas culturales, para educar nuestra imaginación de manera que consiga liberarse de las restricciones impuestas por la privatización.

Durante aquella visita, te organizaron un concierto de homenaje en Bilbao, donde hiciste mención de una canción preciosa de Nina Simone titulada 'I Wish I Knew How It Would Feel to Be Free' [Ojalá supiera qué se siente al ser libre ], y que dice así: "I wish I could break all the chains holdin' me, I wish I could say all the things that I should say, say 'em loud, say 'em clear for the whole 'round world to hear" [Ojalá pudiera romper todas las cadenas que me retienen, ojalá pudiera decir todo lo que debería decir, decirlo todo bien alto, decirlo para todo el mundo lo oiga] .¿Qué significa ser libre para ti, y cuáles son las cadenas que tenemos que romper?

Recordé esa canción de Nina Simone no tanto porque quisiera dar a entender que medio siglo o más después yo tenga una respuesta definitiva a la cuestión subyacente a su anhelo de saber qué es sentirse libre, sino más bien porque seguimos rigiéndonos por este deseo de poner nombre y experimentar la libertad. En los EE.UU., este objetivo nos resulta mucho más complicado hoy en día que a mediados del siglo XX. De hecho, parece que, cuanto más nos acercamos a lo que originariamente habíamos imaginado como 'libertad', más nos damos cuenta de que se trata de algo mucho más complicado, de algo con un alcance mucho mayor...

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/libertades/31326-raza-genero-y-clase-son-elementos-entrelazados.html

Se está librando una guerra contra las mujeres

Beatriz Gimeno

Escritora, activista y Diputada de PODEMOS en la Asamblea de Madrid

EconoNuestra En los últimos años leemos noticias que nos espantan en relación a la vida de las mujeres. Desde las matanzas indiscriminadas y extremadamente crueles de las que Ciudad Juárez es un ejemplo, hasta la imposición de 50 años de cárcel a mujeres que han sufrido abortos (incluso involuntarios) en El Salvador o Guatemala. Por supuesto que no se trata de que en determinados lugares (en este caso Centroamérica) sean más machistas que en el resto del mundo, ni de que determinadas culturas sean tampoco más patriarcales. Se trata de otra cosa, y las lecturas que he hecho este verano de la antropóloga Rita Segato me han ayudado a introducir un sentido de inteligibilidad en un magma incomprensible hasta este momento. Claro que hay machismo, patriarcado puro y duro y que esa es la base sobre la que se levanta esa violencia; pero patriarcado lo ha habido siempre y en todas partes. Lo que ahora se produce de nuevo es la expansión de un neoliberalismo brutal en territorios fronterizos, una guerra que se libra en el cuerpo de las mujeres y que se produce al mismo tiempo que ciertas victorias del feminismo en algunos ámbitos institucionales y culturales que han ayudado, paradójicamente, a convertir la masculinidad tradicional en una identidad de resistencia para muchos varones empobrecidos y desposeídos de todo por ese neoliberalismo

Esta violencia a la que hago referencia es una violencia extremadamente cruel que se produce contras las mujeres desde dos ámbitos diferenciados. Por una parte el ámbito de la ilegalidad en la que se producen los feminicidios de Ciudad Juárez, Guatemala, Honduras, El Salvador…violencia de una crueldad y brutalidad extremas que se produce contra mujeres desconocidas para los agresores. Además de la extrema crueldad de estos asesinatos, que siempre se producen después de torturas inimaginables, otra de sus características es la absoluta impunidad de los culpables, que jamás son detenidos. Por la otra parte, tenemos una violencia institucional que tiene como epicentro la supuesta lucha contra el aborto. La crueldad estatal en muchos de estos países roza el delirio. Así, cualquier pobre que acuda a un hospital después de un aborto, provocado o no, puede ser arrestada y condenada incluso a 50 años de cárcel. También en algunos estados de EE.UU se están dando casos de mujeres acusadas de asesinato por haber bebido alcohol durante el embarazo o por haberse caído y haberse malogrado dicho embarazo. En muchos países de Latinoamérica mientras los violadores gozan de una impunidad casi absoluta, el estado impide a niñas de once años abortar de embarazos producidos por sus padres o conduce a mujeres embarazadas con cáncer a la muerte antes que darles la quimioterapia que podría salvarles la vida. Son casos reales, no estoy exagerando. La violencia legal, la que practican estos estados contra las mujeres, tiene una importante función pedagógica.

El estado muestra así su poder y su crueldad demostrando que reconoce una jerarquía entre las personas, que las mujeres, especialmente las mujeres indígenas y las más pobres, ocupan el escalón más bajo de la misma; que existen seres humanos (mujeres) desechables y que no duda en usar su poder de manera arbitraria contra ellas.

Lo que vemos es que el poder, en su vertiente legal e ilegal, el estado y su reflejo, el narcoestado o el reflejo corrupto del mismo, toman a las mujeres como rehenes y víctimas de una guerra contra los pobres, por una parte, y entre las distintas facciones de los narcoejércitos, por la otra. Ese territorio fronterizo es el lugar en el que la vida humana no vale nada y en el que se dan cita multitud de negocios de los que el neoliberalismo completamente desregulado saca beneficio: trata de personas, tráfico de órganos, prostitución, tráfico de drogas, de armas, de medicinas…todos ellos negocios ilegales pero cuyos beneficios se blanquean en bancos y legales al otro lado de la frontera. Ese dinero de origen legal e ilegal es el que paga, además de ir al bolsillo de las enormes fortunas personales de los grandes capitalistas, las campañas electorales de todos los partidos de la región, la publicidad en los medios y la opinión editorial de todos esos medios de comunicación, vaciando de sentido la democracia representativa.

Esos negocios, legales o ilegales, que se establecen en la parte pobre de la frontera necesitan territorios en los que nada ni nadie se les oponga, ni personas, ni leyes, ni mucho menos la sociedad civil u organizaciones sociales de ningún tipo. Para ello siembran el terror de manera arbitraria, demostrando un poder soberano sobre el territorio. Los cuerpos de las mujeres siempre han sido, en todas las guerras clásicas, equiparadas al territorio, lugares de conquista. Ahora ya no se trata de conquistar el territorio, sino de arrasarlo, porque el neoliberalismo no quiere conservar ninguna estructura, ni cultural, ni familiar, ni simbólica ni material. El asesinato indiscriminado de mujeres sirve para demostrar un poder ilimitado sobre las vidas, una crueldad ilimitada también, una voluntad de aniquilar las estructuras comunitarias, familiares y sociales. Pero, al mismo tiempo, se convierte en expresión de masculinidad, en una especie de intercambio ritual entre las bandas, en un aviso, en un rito de iniciación entre las mismas. La masculinidad extrema, la fratría, se ha convertido en uno de los rasgos característicos de un estado paralelo que utiliza a las mujeres como obreras explotadas en las maquilas, como mercancía y objetos de consumo en la prostitución y como objeto sacrificial proveedor de masculinidad para los miembros de la fratria. Masculinidad, por otra parte, cuestionada y presionada por ciertos avances del feminismo que ha provocado cambios sociales y simbólicos.

El estado se comporta también como una banda más castigando a las mujeres pobres y/o indígenas para destruir en ellas la posibilidad de la emergencia de economías alternativas, la resistencia de las economías tradicionales, de las sociedades apegadas a vínculos que no tienen espacio en el neoliberalismo desregulado, donde todo vínculo social o cultural es un impedimento en la extensión del capital. Castigando a las mujeres pobres y/o indígenas buscan destruir cualquier resquicio comunitario, cualquier atisbo de economía tradicional, la que busca el sustento en la agricultura, la que busca cuidar de los bosques o los ríos, la que se basa en la reciprocidad o la solidaridad. Al castigar a las mujeres pobres e indígenas los estados buscan destruir la resistencia de los pueblos.

Al mismo tiempo, apoyando el negocio de la trata de personas, apoyando la prostitución, declarando la impunidad de los asesinatos machistas, el poder, legal e ilegal, si bien aterra por un lado, se garantiza por el otro cierta cohesión social básica que impida un estallido incontrolable. En una sociedad en la que millones de personas han sido desposeídas de todo, de futuro, del trabajo, en la que los salarios han sido reducidos al límite de la subsistencia, y en la que, al mismo tiempo, el feminismo ha buscado ofrecer a las mujeres oportunidades y nuevas libertades que ponen en cuestión las masculinidades tradicionales, se hace necesario, al menos, no privar a los hombres de lo poco que les queda, su sentido de la masculinidad; se les asegura así que al menos por debajo de ellos hay otra clase: las mujeres. El estado contribuye a la conversión de las mujeres en mercancía y a su señalamiento como desechables. Eso ayuda a que los hombres que no tienen nada sientan que, al menos, les queda la masculinidad como un bien valioso.

En definitiva, la violencia creciente contra las mujeres, simbólica y también material, hay que entenderla, cada vez más, como un elemento más de la desigualdad económica y de la desposesión neoliberal; como una compensación subjetiva para los sujetos masculinos a los que se les ha privado de todo, incluido su sentido fuerte de la masculinidad. Los cuerpos femeninos en los territorios de frontera son cuerpos basura, desechables, cuerpos sacrificiales que se destruyen como símbolo, y que se compran y se venden como objetos. Es en este contexto en el que tenemos que entender tanto los feminicidios como, por ejemplo, la represión de los estados a las mujeres que han abortado o que incluso han sufrido violencia sexual.

miércoles, septiembre 07, 2016

Mujeres patriotas alzaron su voz en apoyo a Dilma Rousseff

MinMujer La Unión Nacional de Mujeres (UnaMujer), Misión Madres del Barrio y otros movimientos feministas y milicianas, se reunieron este martes en la Plaza Morelos de Caracas, para rechazar el golpe de Estado parlamentario contra la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

Exhibiendo pancartas y consignas que reflejaban rechazo a la destitución de la mandataria brasilera, mujeres venezolanas se sumaron a las voces de condena contra el golpe de Estado bajo la fachada de juicio político, como es el caso de Doris Infantes integrante de la UnaMujer, destacó “desde aquí le damos un rotundo apoyo a esa valiente mujer, no permitiremos que fascistas derrumben todas las acciones que tú has llevado a cabo a favor de visibilizar a las mujeres”.

Por su parte, Ninoska Rivero de Aragua, manifestó “así como todas somos Chávez también somos Rousseff, cuenta con este pueblo batallador que te defenderá hasta el final”; Asimismo Yenis Bandes expresó, “no se puede pasar por alto la decisión de 54 millones de sufragistas, es el pueblo quien manda no los 81 senadores misóginos”.

Las féminas aseveran que lo sucedido en Brasil es un golpe a la democracia mundial, al tiempo que afirman que la derecha y la oligarquía de América Latina no aceptan la llegada de gobiernos populares, progresistas y de izquierda con fuertes vínculos de fraternidad con sus pueblos.

Jacqueline Zuñiga explicó, que las féminas revolucionarias han declarado el mes de septiembre como “el mes de la vergüenza en Brasil”, debido a que además del “golpe fascista”, el presidente usurpador Michel Temer eliminó el Ministerio brasileño para la Mujer e Igualdad Racial.

“Dilma, sabemos que no te vencen los golpes, eres una mujer íntegra que en conjunto con Lula Da Silva le devolvieron la dignidad al pueblo brasileño que aún en el siglo XXI se encontraba bajo el régimen de exclusión. Nosotras determinamos, que la lucha continúa con Dilma Rousseff en las calles”, concluyó.

Algunas aclaraciones sobre el Burkini

Nazanín Armanian

Público ¿Cómo se bañaban las musulmanas hasta el invento del burkini en 2003?

Para empezar, es preciso hacer algunas aclaraciones:

.Los musulmanes pueden ser practicantes en diferentes grados, laicos o ateos. El dios del dinero y el individualismo del capitalismo han ganado terreno a la espiritualidad, la tolerancia y la solidaridad.

.El islam comparte posición con el judaísmo y el cristianismo sobre el lugar de la creación para que sirvan a la “quietud del hombre” (Corán, 30:21), o para que “Adán no esté solo” (Génesis II: 18 y 22).

.El islamismo es un movimiento político de la extrema derecha sunita y chiita del islam, -como lo son el nacionalcatolicismo y el sionismo-, y utiliza los conceptos de familia, mujer y comunidad para llevar adelante una agenda política al servicio de las clases privilegiadas.

.El velo –prenda que cubre el pelo, la cabeza y el cuello de la mujer-, es la bandera política de dicha fuerza, independiente de la conciencia de sus portadoras.

.La prenda que llevan sobre su cabeza millones de mujeres, como las kurdas, tayikas, paquistaníes o senegalesas, complementan su indumentaria: son un signo de identidad étnica (como el sari o el tul de las ghashghaei) o una señal exterior de la subordinación de la mujer al hombre (Biblia-Corintios 11:1-10).

.El Corán (24, 59), desvincula el velo de la fe y reza: “Las mujeres que han llegado a la menopausia no cometen falta al no ponerse sus velos siendo ya adultas…”

.Poner el velo a las niñas a partir de los siete u ocho años significa que ya pueden contraer matrimonio, puesto que ya son mujeres. En cuanto a las obligaciones, que no los derechos: por naturaleza, ‘padecen’ enfermedades mentales incurables y, aunque sean doctoras en física nuclear, son tratadas por ley como menores de por vida, necesitan la tutela y el permiso de un varón para trabajar, estudiar, viajar, ingresar en un hospital, casarse, etc. Incluso, no tienen derecho a ser tutoras de sus propios hijos. Eso sí, los códigos penales religiosos les aplican la ley como personas adultas. La niña con el velo, tendrá que dejar de jugar, saltar, escalar, bailar o soltar una carcajada en público. Para los fundamentalistas, si una chica se quita el tul, se convierte en una cualquiera, en una mujer pública.

.¿Sería Sadiq Khan alcalde de Londres si los musulmanes estuvieran obligados a llevar el velo?

.Una vez que los integristas destruyeron las conquistas feministas allá donde gobernaron, las mujeres reaccionaron e introdujeron cambios en el velo integral para no perder el espacio público. Por ejemplo, le añadieron mangas para poder trabajar, conducir, estudiar, etc. El burkini es una innovación en el marco de la segregación que rompe la prohibición de bañarse enseñando la carne. Esta prensa está más cerca del bikini que del burka, pues las mujeres y los hombres recatados deben llevar ropa ancha para disimular sus curvas.

.El hecho de que la mujer con burkini de la playa de Niza, tras ser acosada por la policía, decidiera quitarse la prenda y mostrar sus brazos “desnudos” a cambio de permanecer en la playa, manifiesta la paranoia de las autoridades del país. Desconocen, además, el significado de los hechos religiosos y sociales de este grupo de ciudadanos. ¿Se hubiera atrevido la policía a arrancar el thobe al jeque qatarí Hamad Al Thani, dueño de Al Jazeera (el canal portavoz de Bin Laden y ahora del Estado Islámico), y de varias instituciones deportivas y bancos?

.El burkini sigue vinculando el atuendo con la sexualización del cuerpo de la mujer. La fuerza del alineamiento que reflejan las palabras de su inventora, Aheda Zanetti, así lo muestran: “Me gusta caminar e ir detrás de mi marido, porque yo soy el motor y he elegido serlo. Quiero que él se lleve todos los méritos porque yo soy una triunfadora silenciosa.” Estas son las las palabras de una libanesa que vive en Australia.

.El hábito de las monjas es el uniforme de una peculiar tropa espiritual -que no de todas las mujeres cristianas- del imperio religioso dirigido por el Papa. Millones de niñas y mujeres musulmanas están forzadas por las autoridades del Estado o de la familia a llevar el velo como muestra de su obediencia a las normas en cuya redacción nunca les han dejado participar.

El abrazo de oso de las fuerzas progresistas

.El principal y el error más grave del veterano movimiento feminista iraní en 1979 fue justamente pensar que el tema de la imposición del velo carecía de importancia, mientras que la batalla tendría que centrarse en defender la patria de una agresión militar de EEUU. Los defensores españoles del velo (que no se visten como sus abuelas y abuelos) deberían leer la historia del feminismo de Oriente Próximo y dejar de hablar de la inexistente mujer musulmana desubicada en el espacio y en el tiempo. ¿Saben que Irán, un país musulmán, contaba en 1923 con un ministro comunista y activas organizaciones feministas? ¿Saben que en 1968 la doctora Farrojru Parsa dirigía la cartera de Enseñanza y Educación? O, quizás, ¿saben que en 1974 hubo un Ministerio para los Asuntos de la Mujer, décadas antes que en España?

.El ‘fuerte abrazo del oso’ de los islamólogos-laicos-progresistas-europeos a las musulmanas que, desde su esquizofrenia ideológica, el desconocimiento o el afán de mantener sus puestos de expertos en los centros de poder, identifican a cientos de millones de ciudadanos de los países musulmanes con ésta temible minoría de derecha extrema fanática y oscurantista.

.La libertad de elección no tiene en cuenta los complejos mecanismos de dominio y coacción, reflejados en el libro Mi marido me pega, lo normal. Las mujeres que no pueden casarse sin la firma de su tutor varón, ¿qué libertad de elección pueden tener? Algunas feministas defienden el burka, prenda obscena, peligrosa y humillante que convierte a la mujer en un bulto sin identidad, además de provocarle numerosas enfermedades capilares y de visión, ya que la prenda “disimula las actividades prohibidas de las activistas”.

.“La talla 34 asfixia como el velo” afirman, queriendo denunciar la tiranía de la moda, como si en los países musulmanes no existiera la moda, o lo que es peor, la cirugía estética plástica. En ninguna parte del planeta se ha flagelado, multado o encarcelado a ninguna mujer por no llevar la talla 34, pero sí a aquella que se ha negado a cubrirse con el velo. La sudanesa Lubna fue condenada a 40 latigazos, no por ponerse bikini, sino por llevar pantalones.

.Dicen: “Obligar a las mujeres a quitarse el velo viene a ser lo mismo que obligarlas a llevarlo”. En ningún país del mundo sucede lo primero.

.Se despolitiza la ausencia de muchos derechos de las mujeres musulmanas, vinculándolas con estériles debates sobre su cultura y religión.

.Los estados intervienen en el modo de vestir de los ciudadanos. En Barcelona se multa a los hombres que andan con el dorso desnudo y en Alemania a quienes se ponen determinados uniformes.

.A quienes repudian las prohibiciones: paralelo a otras medidas económicas, sociales y educativas, sí que habría que prohibir actos como la pedofilia, que incluye casar y violar a niñas-esposas de diez u once años; el maltrato a las personas y animales; o que unos padres puedan dejar morir a un hijo porque “la transfusión de sangre es un pecado”.

.El velo debería estar prohibido en los colegios primarios y autorizado en los institutos siempre que vaya acompañado por debates abiertos dirigidos por el personal instruido.

En esta tremenda guerra sobre el cuerpo de la mujer, no hay oportunismo que valga.

La ingeniosa carta de una mujer que luchó por el derecho al voto

principia marsupia Las mujeres británicas llevaban décadas reclamando el derecho al voto, pero los panfletos, las peticiones al Parlamento y las concentraciones pacíficas habían servido para poco.

Harta de protestas mansas que no llegaban a ninguna parte, Emmeline Pankhurst fundó en 1903 la Unión Política y Social de las Mujeres. “Hechos, no palabras” fue el eslogan elegido para la organización.

Las suffragettes se encadenaron a la entrada de Buckingham Palace, quemaron buzones, arrasaron hipódromos y campos de cricket, lugares tradicionales de reunión de la aristocracia.

Más de un millar mujeres pasaron por las cárceles. Una vez encerradas se declaraban en huelga de hambre. Las autoridades, aterradas de que alguna muriese y se convirtiese en mártir del movimiento sufragista, acabaron concediendo la libertad a muchas de ellas. Emmeline Pankhurst entró y salió 11 veces de prisión.

Las nuevas tácticas de protesta funcionaron: mucha gente estaba molesta por los fastidios provocados por las suffragettes, y eso precisamente logró que el derecho femenino al voto entrase de lleno en el debate público.

¿Cómo solucionar el asunto? Una souffragette llamada Bertha Brewster propuso esta ingeniosa solución en la carta al Daily Telegraph el 26 de febrero de 1913:

Estimado señor,

Todo el mundo parece estar de acuerdo en la necesidad de acabar con los problemas que causan las suffragettes; pero nadie tiene un plan concreto para lograrlo.

Hay dos (solamente dos) maneras de arreglarlo. Ambas serían efectivas.

1) Matar a todas las mujeres del Reino Unido

2) Dar a las mujeres el derecho a votar

Sinceramente suya,

Bertha Brewster.

miércoles, agosto 31, 2016

ALERTA FRENTE A LA NUEVA AGRESIÓN A LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA



En estos momentos el pueblo latinoamericano enfrenta una coyuntura política decisiva, debe demostrar que está a la altura de las circunstancias, y que comprende perfectamente el momento político y su posición geoestratégica. Para el imperialismo es importante acabar con nuestros procesos revolucionarios antes de que finalice el año 2016. Ante las venideras elecciones en EEUU debe resolver de inmediato varias de sus puertas políticas abiertas en el mundo: la firma del Tratado de libre comercio con Europa, la resolución del nuevo mapa geoestratégico en Medio Oriente y la disolución de los gobiernos de izquierda en América Latina, son tareas importantes para concretar por el Gobierno de Obama.

En el marco de esta amplia y multifacética ofensiva imperialista y oligárquica contra los gobiernos progresistas y revolucionarios de la región, que ha tenido como hechos más importantes la destitución de la Presidenta Dilma Rousseff, y la violencia en Bolivia, con el asesinato del Viceministro Rodolfo Illanes, nuevamente la derecha venezolana pretende derrocar por vías violentas, al gobierno democráticamente electo del Presidente Nicolás Maduro Moros. Las fuerzas opositoras, pretenden iniciar un nuevo ciclo de foquismo terrorista con el fin de propiciar un Golpe de Estado o incluso una intervención extranjera con el expediente de la “crisis humanitaria”. 

Nuevamente se pretenden reeditar los hechos violentos de 2002 y 2014, se trata de una agenda insurreccional, en la cual con el respaldo de la dictadura mediática mundial, pretenden dar al traste con la Revolución Bolivariana. Una escalada más en estos últimos tres años de agresión continua al pueblo venezolano, donde se combinan todas las formas de lucha para quebrar la estabilidad democrática y desmoralizar al campo popular.

Por esta razón, hacemos un llamado a todas las fuerzas democráticas, progresistas, populares y revolucionarias, a estar alertas ante esta nueva amenaza a la estabilidad democrática y la paz de Venezuela. Exhortamos a la activación de los distintos mecanismos de solidaridad internacional, que permitan hacer frente a las agendas informativas y políticas que el imperialismo y la derecha tratarán de instalar a escala planetaria, para justificar la violencia golpista y ocultar la verdad de lo que sucede en nuestro país.

No solamente está en juego la paz en Venezuela, una insurrección exitosa de la derecha, puede desestabilizar la paz en buena parte de América Latina y el Caribe. Es por ello, que llamamos la atención a la comunidad internacional sobre estas potenciales amenazas a la estabilidad regional.
El pueblo bolivariano y chavista, en cualquier escenario que le toque enfrentar, sabrá estar a la altura de nuestros libertadores y libertadoras.


¡INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA!
¡VIVIREMOS Y VENCEREMOS!

En Caracas a los 31 días del mes de agosto de 2016
COLECTIVO GÉNERO CON CLASE

martes, agosto 30, 2016

“MARTES DE MUJER”, política de impulso a emprendimientos femeninos de la Revolución Bolivariana

 “MARTES DE MUJER” es un espacio para el encuentro de las  mujeres, que permite visibilizar, impulsar y profundizar sus diversas manifestaciones de lucha en articulación con  las políticas públicas, para el empoderamiento de la mujer como protagonista en la construcción del socialismo feminista del siglo XXI.
 
El programa fue lanzado por el Presidente Nicolás Maduro Moros, el pasado 24 de Mayo, en el marco de la Marcha de las Mujeres en apoyo a la Revolución Bolivariana.
 
El presidente Maduro designó a Zulay Aguirre,  para ponerse al frente de esta iniciativa y pidió que se establezca como un plan central dentro de las líneas estratégicas de la Revolución Bolivariana.

A partir de esta iniciativa todos los martes son dedicados al programa Soy Mujer, a fin de informar al pueblo los créditos entregados, inversiones, proyectos económicos, generación de empleos y riquezas, entre otros.

En ese sentido, llamó a las venezolanas a sumarse al programa de financiamiento Soy Mujer para impulsar las potencialidades de la mujer en favor del desarrollo productivo del país, en especial a las mujeres organizadas a través de la Unión Nacional de Mujeres.

OBJETIVO DE “MARTES DE MUJER” 
De cuerdo a la Página Web del Ministerio de la Mujer, SOY MUJER tiene como objetivo: promover los derechos alcanzados de la mujer en revolución dando a conocer sus capacidades y potencialidades para el desarrollo de iniciativas, socio-productivas, organizativas, sociales, culturales y políticas, fortaleciendo así, su papel protagónico en la construcción del socialismo feminista del siglo XXI.

La política de financiamiento a las mujeres veenzolanas está enmarcado en:
•       El impulso de las líneas propuestas por el presidente obrero, en el marco del Congreso de la Patria.
•       La defensa de los logros de la mujer alcanzados en Revolución Bolivariana para dignificar y darle participación protagónica.
•       La movilización permanente y sistemática de las mujeres para la defensa de la Revolución Bolivariana.
•       El desarrollo de una comunicación alternativa que difunda la lucha de la mujer venezolana a partir de la iniciativa y la creatividad surgida del actual contexto político, económico  social y cultural.
 

UnaMujer y la Vicepresidencia de Mujeres del PSUV unifican fuerzas política

José G. Viloria / Prensa MinMujer.-
Este viernes se realizó un encuentro de las mujeres propulsoras de la Unión Nacional de Mujeres(UnaMujer) y las integrantes de la vicepresidencia de las mujeres del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en aras de unir fuerzas política ante la coyuntura nacional, así como en el tema organizativo y productivo.

Durante el encuentro, la ministra del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad, Gladys Requena,destacó "este encuentro tiene un sentir para las mujeres venezolanas que llevan en sus venas el valor patriótico, revolucionario, antiimperialistas y profundamente chavista, hoy estamos uniendo 2 fuerzas muy importantes” mencionó la ministra Gladys Requena, desde el Centro de Formación Feminista Argelia Laya de la ciudad de Caracas.

De igual forma la representante de la mujer destacó el rol que juegan las mujeres en estos tiempos de desafíos “tenemos que avanzar para consolidar la dirección política que dirige nuestro presidente, Nicolás Maduro, vamos a hermanar fuerzas para seguir en las luchas que ya hemos conquistados en esta revolución y avanzar en lo que nos falta”.
Asimismo agregó “en este momento histórico las mujeres estamos compartiendo las banderas de lucha en los en los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, en la Gran Misión Abastecimiento Soberano y en las políticas que dirige el presidente Nicolás Maduro, en los temas de la nueva economía nacional, en el cumplimiento de la agenda de la suprema felicidad social y en el tema de la movilización del sector mujer”
Para finalizar dio a conocer que gracias al legado feminista que impulso el líder de la Revolución, Hugo Chávez, hoy desde la UnaMujer se cuenta con más de 1 millón 800 mil mujeres ya inscritas y para la fecha se trabaja en la consolidación de la estructura de dicha organización en lo estadal, parroquial,municipal y nacional.

Durante la actividad la vicepresidenta de las mujeres del Partido Socialista Unido de Venezuela, María León, destacó la necesidad de cumplir con las 3 lineas de trabajos que se desarrollan en esta reunión que son impulsar la suprema felicidad, combatir la guerra económica y fortalecer el PSUV.

“Aquí estamos marchando juntas, tal y como lo soñaron nuestras grande heroínas, ellas nos inspiran para cumplir la tercera linea de trabajo donde tenemos la tarea de elevar la espiritualidad y moral de nuestras mujeres patriotas” mencionó.

Resaltó “Vamos rumbo al 2017 donde se cumplen 100 años de la primera Revolución y en Venezuela homenajearemos esta acción acompañando la gestión del primer presidente obrero, Nicolás Maduro” destacó la representante de la vicepresidencia.

Mujeres unidas en Revolución
“Hoy nos encontramos debatiendo y afinando detalles del papel que juegan nuestras mujeres en la defensa de la patria. Hoy las mujeres en masa nos colocamos en vanguardia ante cualquier batalla, trabajando unidas junto a nuestro presidente Nicolás Maduro para derrotar cualquier guerra.” Así lo aseveró Dorelys Echeto, enlace estadal de la Vicepresidencia de las Mujeres del Psuv del estado Zulia.

Por su parte, Keila Salazar, vocera de la UnaMujer declaró que “desde la UnaMujer nos planteamos fortalecer las masas a nivel nacional, las mujeres marcamos la unidad patriota, hoy más que nunca las mujeres venceremos y estaremos alerta desde cualquier escenario que se nos coloque, llevando en el alto la consigna de unidad, lucha, batalla y victoria”.

Nelly García, vocera de la Vicepresidencia de las mujeres del PSUV, apuntó “Nos vamos con la tarea de coordinar a nuestras mujeres en lo ideológico, político y organizativo, vamos a acompañar a nuestras mujeres desde sus puestos de trabajo productivo, como unos de los componentes más importante de la Revolución Bolivariana”.

Género con Clase Impreso